Ni amigos ni enemigos
La justicia dominicana, poco a poco, ha ido rompiendo los anclajes que le impedían enfrentar la corrupción administrativa y otros delitos graves.
Ahora luce que ya no es un rehén del poder político, situación que la mantenía con las manos atadas, timoratas o miedosas, para impartir auténtica justicia.
Con un ministerio público independiente, es cuanto más relevante resulta su misión de restaurar la confianza perdida y revestirse, al mismo tiempo, de su autoridad intrínseca para aplicar justicia sin distinguir jerarquías.
“No tenemos ni amigos ni enemigos”. Con este contundente apotegma ha descrito la procuradora general de la República, Miriam German Brito, la filosofía jurídica que inspira la gestión de un ministerio público independiente.
Bien que esa sea la medida de la balanza.
La persecución de los corruptos o los jefes y cómplices del crimen organizado, sean funcionarios actuales o pasados, debe someterse a este principio cardinal que ella ha proclamado: el debido proceso de ley.
Así se evita que la decisiva y firme determinación de impedir la impunidad de esos delitos, resulte sesgada por el populismo penal o por el desconocimiento del debido proceso, como muchos desearían.
Apegada a la línea de no actuar con paños tibios ni maltratos, sin enconos pero sin indulgencias, la procuradora general está imprimiéndole a la figura del ministerio público independiente el valor y la majestad que nunca antes había ostentado, para orgullo de la sociedad.
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