Dándoles “de alta” muy rápido
Hay dos prácticas perniciosas en el sistema hospitalario público: los “rebotes” de ciudadanos que buscan atenciones urgentes y las órdenes para dar “de alta” a pacientes que requieren más tiempo de internamiento.
Los contratiempos comienzan en las salas de emergencia, a menudo congestionadas de pacientes con diversos tipos de padecimientos o, en el caso de los traumatológicos, con las víctimas de accidentes.
Admitir un paciente en emergencia también tiene sus normas.
A los más graves se les concede la preferencia en la atención, pero eso no asegura que una vez establecida la seriedad de su caso se someta a cirugía o internamiento porque muchas veces no hay camas disponibles.
Sabemos del caso de una adolescente que sufrió un accidente al caerse de un motor y fue conducida por una ambulancia del 911 al hospital Darío Contreras a las 8:00 de la mañana. Tuvo que esperar para ser sometida a cirugía a las 5:00 de la tarde, que duró más de tres horas.
A las 9:00 de la mañana del día siguiente, sin haber completado un prudente ciclo de recuperación, fue dada “de alta”. Pocas horas después sufrió una crisis y sus familiares debieron llevarla a una clínica privada, donde todavía permanece.
Nuestros reporteros recibieron denuncias de que en varios hospitales “despachan” a los pacientes a la carrera y que, en el caso de personas humildes, las prótesis que les ponen, son “carabelitas”.
Comprendemos que, en el contexto de esta pandemia, el gobierno ha tenido que hacer cuantiosas inversiones en el sector salud, concretamente en la ampliación y mejoramiento de los hospitales y en la designación de más personal.
Pero las dos prácticas perniciosas que frecuentemente empañan ese esfuerzo aún no han sido remediadas con la prontitud y diligencia que ameritan.
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